Technology · Desarrollo SaaS

Desarrollo SaaS a medida para cuando el software forma parte de lo que vendes.

Un SaaS no es una aplicación con login. Es un producto que tiene que repetirse bien para cada cliente que entra: su espacio, sus usuarios, su configuración y su plan, sobre el mismo producto que están usando todos los demás. Eso es lo que construimos.

  • SaaS B2B
  • Plataformas multiempresa
  • Suscripciones
  • MVP y evolución

La diferencia

Uno optimiza cómo trabajas. El otro es parte de lo que vendes.

  • Software a medida ayuda a operar tu empresa.

    Se construye para mejorar cómo opera la empresa. Su valor está en el trabajo que simplifica, coordina o deja de hacerse a mano.

  • SaaS forma parte de lo que vendes.

    Se construye para convertirse en producto. Su valor depende de que clientes distintos puedan contratarlo, usarlo y seguir obteniendo valor de él.

Hay excepciones —una herramienta interna puede acabar vendiéndose, y suele ser la mejor forma de empezar—, pero la pregunta que ordena todo lo demás es siempre la misma: ¿el software ayuda a operar tu negocio o forma parte del producto que vendes?

Dónde empieza lo difícil

Lo difícil empieza cuando entra el segundo cliente.

Construir algo que funcione para un cliente es una buena demo. Que funcione para el segundo sin romper al primero es otro proyecto: ahí aparecen, todas a la vez, las decisiones que un prototipo nunca tuvo que tomar y que deciden si el producto se puede repetir.

  1. Cliente 1

    Sirve exactamente para lo que tiene que servir: comprobar que el núcleo resuelve de verdad el problema de alguien.

    Todavía no hay nada que repetir.

  2. Cliente 2

    Aquí aparece todo, y aparece junto.

    Lo que hay que resolver para que el producto se repita

    • Separar los datos: que uno no pueda ver nunca lo del otro
    • Decidir quién puede hacer qué dentro de cada empresa
    • Que cada cliente tenga su configuración sin tener dos versiones del producto
    • Dar de alta a un cliente sin que alguien lo monte a mano
    • Saber qué incluye exactamente lo que ha contratado
    • Cobrar según lo contratado y saber si está al día
    • Atender un problema suyo sin mirar los datos de los demás
    • Cambiar algo para uno sin rompérselo al otro
  3. Cliente 20

    Ahora se ve qué partes seguían dependiendo de que alguien de vuestro equipo estuviera delante.

    Lo que todavía hacía una persona

    • Terminar de configurar cada cuenta nueva a mano
    • Revisar y corregir lo que se queda a medias
    • Atender la excepción de siempre: el cliente que necesita algo distinto
  4. Cliente 200

    El producto funciona. La pregunta ya no es ésa.

    El límite

    Cada intervención manual que siga existiendo se multiplica por doscientos: ahí es donde un producto que funciona deja de ser un producto que se puede operar.

El salto importante ocurre con el segundo cliente: ahí dejas de construir para uno y empiezas a construir algo que se puede repetir. Escalar después es ir descubriendo qué excepciones siguen sin resolverse.

De la idea al producto

Un MVP no es un producto pequeño. Es el núcleo sin lo de alrededor.

Empezar por un MVP suele ser la decisión correcta: sirve para comprobar que a alguien le importa lo que hace el producto antes de gastarse el presupuesto en todo lo demás. Lo que no funciona es venderlo como si ya fuese un producto. Entre uno y otro no cambia lo que hace; cambia lo que hace falta para que lo pueda hacer cualquiera sin vosotros delante.

  1. Idea

    Existe la frase y nada más. Es el momento de comprobar que alguien pagaría por ella, no de abrir el editor.

    Lo que hace, en una frase

    Una empresa publica sus turnos y sus clientes los reservan y los pagan.

    Lo que hay alrededor

    Todavía no hace falta nada de esto.

  2. MVP

    Ya funciona de verdad para un cliente. Todo lo demás lo hacéis vosotros a mano, y está bien que sea así mientras dure poco.

    Una empresa publica sus turnos y sus clientes los reservan y los pagan.

    Lo que hay alrededor

    • Acceso
    • La pantalla donde ocurre
    • Una base de datos
    • Un despliegue
  3. Producto

    Ahora lo puede contratar alguien a quien no conocéis, usarlo sin que le expliquéis nada y pagar por él sin que nadie se lo recuerde.

    Una empresa publica sus turnos y sus clientes los reservan y los pagan.

    Lo que hay alrededor

    • Un espacio por cliente
    • Roles y permisos
    • Configuración propia
    • Alta y onboarding
    • Planes y límites
    • Suscripción y facturación
    • Panel de administración
    • Métricas de uso
    • Soporte con contexto
    • Cambios sin romperle nada a nadie

El núcleo está escrito tres veces y es la misma frase: no se ha tocado. Lo que se ha construido alrededor es exactamente lo que convierte un software que funciona en un producto que se vende.

El mismo producto, muchas empresas

Cada cliente trabaja en su espacio. Ninguno ve lo del otro.

Es la primera decisión de un SaaS y la última que se puede cambiar. Un cliente entra, ve sus datos, sus usuarios y su configuración, y no tiene manera de llegar a los del cliente de al lado. Debajo, todos están usando exactamente el mismo producto.

El espacio de cada cliente

Por aquí no pasa nada

Estudio Nord

  • Sus salas y sus tarifas
  • Doce personas dentro
  • Admin · Equipo · Sólo lectura

Grupo Vallès

  • Cuatro sedes y su calendario
  • Treinta y ocho personas dentro
  • Dirección · Sala · Recepción

Casa Miró

  • Un espacio y su agenda
  • Tres personas dentro
  • Admin · Sólo lectura

El mismo producto para todos

  • Una base de código
  • Una versión
  • Un despliegue
  • Una mejora que llega a todos a la vez

Mira la última línea de cada espacio: los roles no son los mismos. Cada empresa organiza a su gente como trabaja, y el producto sigue siendo uno. Eso es configuración, no una versión distinta para cada cliente.Nombres de ejemplo.

Y por encima de todo, tú

Ves las cuentas, los planes, el uso y las incidencias de todas ellas. No trabajas dentro de ninguna: administras el producto.

A esto se le llama arquitectura multiempresa —multi-tenant, en la conversación técnica— y no es un detalle que se pueda dejar para más adelante: decidirlo tarde significa reescribir la parte del producto que toca absolutamente todo lo demás.

Cómo entra un cliente

Cada alta que depende de tu equipo es un techo.

No se nota con cinco clientes. Con cincuenta decide cuántos puedes llegar a tener, porque crecer deja de depender de a cuántos les vendes y pasa a depender de a cuántos puede montar tu equipo esa semana.

Hoy, cuando entra un cliente nuevo

  1. Tu equipoLlega un correo
  2. Tu equipoAlguien llama para entender qué necesita
  3. Tu equipoSe le crea el usuario a mano
  4. Tu equipoSe configura su cuenta a mano
  5. Tu equipoSe le envían los accesos
  6. Tu equipoSe le explica por teléfono cómo funciona

En un producto

  1. El productoSe registra, o alguien de dentro le invita
  2. El clienteContesta lo mínimo para que su espacio le sirva desde el primer minuto
  3. El productoEntra
  4. El clienteHace algo útil de verdad, no un recorrido guiado

Y a partir de ahí, en cada pantalla

  • Qué plan tiene
  • Qué límites lleva ese plan
  • Si sigue en periodo de prueba
  • Si la suscripción está al día
  • Qué puede usar hoy y qué no

Esto no significa que todo tenga que ser automático. Hay productos —sobre todo en B2B— donde la primera reunión forma parte de la venta y conviene que exista. La diferencia es que entonces la persona está ahí porque lo habéis decidido, no porque el producto no sepa hacerlo solo.

Un producto que se cobra por suscripción tiene que saber contestar a eso en cada clic, no en una hoja de cálculo. Cuando lo sabe, subir de plan, ampliar un límite o recuperar una cuenta impagada dejan de ser trabajo de alguien y pasan a ser parte del producto. La pasarela de pago —Stripe o la que toque— es la pieza fácil de esta historia; lo demás es producto.

Qué construimos

Un SaaS se ordena por quién toca cada parte, no por funcionalidades.

Las mismas cuatro preguntas ordenan cualquier plataforma SaaS: qué hace la persona que entra a trabajar, qué configura su empresa en su cuenta, qué hace falta para que tu equipo pueda operar el producto y qué tiene que ocurrir solo por debajo.

Quien lo usa

Lo que hace la persona que entra a trabajar

La parte que usa el cliente y que forma parte del valor que contrata.

  • Registro y acceso
  • Onboarding
  • La pantalla donde ocurre el trabajo
  • Flujos y estados
  • Documentos y descargas
  • Avisos y notificaciones
  • Uso desde el móvil

La empresa cliente

Lo que cada empresa configura en su cuenta

Lo que hace que el mismo producto le sirva a empresas que trabajan distinto.

  • Usuarios y equipos
  • Roles y permisos
  • Su configuración y sus reglas
  • Sus datos maestros
  • Su marca donde tenga sentido
  • Su plan y sus facturas
  • Sus integraciones: CRM, ERP, calendario, contabilidad

Tu equipo

Lo que hace falta para operar el producto entero

Alguien tiene que dar de alta, cobrar, atender y mirar qué está pasando dentro. Eso también se construye.

  • Panel de administración
  • Cuentas, planes y estados
  • Suscripciones, cobros y facturación
  • Límites y excepciones
  • Soporte con el contexto delante
  • Analítica de uso, activación y retención

El producto

Lo que no depende de que alguien esté delante

Lo que ocurre solo y lo que lo sostiene por debajo. Es lo que decide si el año que viene se puede seguir construyendo encima.

  • Arquitectura multiempresa
  • Modelo de datos
  • Frontend, backend y base de datos
  • APIs e integraciones
  • Seguridad y aislamiento entre clientes
  • Rendimiento y escalabilidad
  • Despliegue y entornos
  • Mantenimiento evolutivo

Si leyendo esto la conclusión es que lo que hace falta no forma parte de lo que vendes sino de cómo trabajáis por dentro, entonces el proyecto es otro: Software a medida o Desarrollo web a medida, y se organiza distinto desde el primer día.

Cómo lo abordamos

Primero se encuentra el núcleo. Después se prepara para repetirse.

La forma más cara de construir un SaaS es construir treinta funcionalidades antes de saber cuál es la que alguien abre todos los días. El orden que seguimos es el contrario: reducir hasta que quede una sola cosa que el producto tiene que hacer mejor que nadie, comprobarla con clientes de verdad y sólo entonces montar alrededor lo que hace falta para que se repita.

  1. Problema

    La pregunta¿Qué se está resolviendo hoy a mano, y quién lo sufre?

    • Informes
    • Chat interno
    • App móvil
    • Multi-idioma
    • Integración con su ERP
    • Facturación
    • Panel de cliente
    • Automatizaciones
    • Firma de documentos

    Se ponen encima de la mesa todas las ideas que hay. Todas caben y ninguna se descarta todavía: descartar antes de mirar es como se pierden las buenas.

  2. Usuario

    La pregunta¿Quién abre esto un martes por la mañana, y para qué?

    • Panel de cliente
    • Facturación
    • Automatizaciones
    • Avisos
    • Estados

    Se elige a la persona concreta que tiene el problema. La mitad de las ideas anteriores eran de otra persona, y se caen solas.

  3. Núcleo

    La pregunta¿Qué hace esa persona una y otra vez?

    • Reservar y cobrar un turno

    Queda una frase. Es lo único que el producto tiene que hacer mejor que la hoja de cálculo que esa persona usa hoy, y es lo primero que se construye.

  4. Repetición

    La pregunta¿Qué se comparte y qué tiene que quedar separado?

    • El mismo núcleo
    • El mismo núcleo
    • El mismo núcleo
    • El mismo núcleo

    El mismo núcleo se prepara para funcionar igual de bien en cada cliente: su espacio, sus usuarios, su configuración. No se añade nada nuevo; se hace repetible lo que ya hay.

  5. Producto

    La pregunta¿Quién paga, quién administra y cómo entra el siguiente?

    • El mismo núcleo
    • El mismo núcleo
    • El mismo núcleo
    • El mismo núcleo
    • El mismo núcleo
    • El mismo núcleo
    • Alta
    • Plan y límites
    • Cobro
    • Panel
    • Soporte

    Alrededor del núcleo ya repetible aparecen el alta, el plan, el cobro y el panel. A partir de aquí se puede vender sin que estéis vosotros delante.

Los dos primeros movimientos se hacen una vez. Los tres últimos no terminan: cada cliente nuevo enseña algo que el producto todavía no sabía hacer, y ésa es la parte del trabajo que no se acaba nunca.

La prueba

Un producto. Distintas empresas. Cada una en su espacio.

Konevent es un SaaS de reserva y gestión de espacios que diseñamos y desarrollamos. Lo enseñamos aquí porque demuestra justo lo que cuesta explicar: no es una aplicación que hicimos para una empresa, es un producto al que entran empresas distintas, cada una con sus salas, sus precios, su equipo y sus reservas.

Konevent

SaaS de reserva y gestión de espacios

Distintas empresas trabajan dentro del mismo producto sin verse entre ellas.

Una marca por empresa

Uno de esos espacios, abierto

Lo que ve el equipo de esa empresa
Calendario de reservas del panel de gestión de Konevent: el mes completo, con los filtros por sala y por estado.
Lo que ven los clientes de esa empresa
Widget público de reserva: el cliente final elige día en el calendario de disponibilidad de la sala.
Lo que hace quien coge el teléfono
Formulario de nueva reserva manual: sala, fecha, turno, cliente, número de personas, importe, método de pago y estado.

Capturas reales del producto, con datos de demostración.

Qué había que resolver

Cada espacio de eventos se gestiona de una forma: sus turnos, sus aforos, sus tarifas y su manera de cobrar la señal. Una herramienta hecha para una de ellas no le sirve a la siguiente, y una herramienta genérica no le sirve a ninguna. Lo que había que construir no era una aplicación de reservas: era un producto capaz de absorber esas diferencias como configuración.

Qué se construyó

Un espacio por empresa con sus usuarios y sus permisos; las salas, los turnos y las tarifas en manos de cada una; el widget público con el que reservan sus clientes; el panel donde su equipo lo ve todo; el alta manual para lo que entra por teléfono; los pagos; y el panel de administración desde el que se opera el producto entero.

Las tres capturas son de un solo espacio. Las demás tienen las mismas pantallas con sus propios datos, y ninguna se entera de que las otras existen. Ése es el trabajo que no se ve en una demo y es exactamente el que decide si un SaaS aguanta.

Ver el caso Konevent

Encaje

Cuándo tiene sentido construir un producto.

  • Hoy atiendes a tus clientes de una forma que se repite, y sabes cuál es exactamente la parte que se repite.
  • Quieres vender el producto, no sólo tenerlo: te interesa que un cliente entre, lo use y lo pague sin que estés tú delante.
  • Aceptas empezar por el núcleo y no por el catálogo, aunque la primera versión enseñe menos de lo que te gustaría.
  • Vas a estar dentro decidiendo: las decisiones de producto son de negocio y no se delegan en quien programa.

Trabajamos

  • SaaS B2B
  • Plataformas multiempresa
  • Productizar un servicio o un conocimiento
  • Herramientas internas que se quieren vender
  • MVP para validar una idea
  • Un MVP que ya no escala
  • Portales de cliente

Si lo que necesitas es una herramienta para tu propia operación —que la use tu equipo y nadie más—, no necesitas un SaaS: necesitas software a medida. Es un problema más directo y evita construir toda la capa de producto que no necesitas: multiempresa, planes, onboarding, administración y repetición. Te lo diremos en la primera conversación.

Preguntas frecuentes

Lo que se pregunta antes de empezar.

¿Cuánto cuesta desarrollar un SaaS a medida?

Depende de una cosa por encima de todas: cuánto hay que resolver para que el producto funcione igual de bien con el cliente número dos que con el número uno. Ahí es donde se va el presupuesto de un SaaS, y no en la cantidad de pantallas. Por eso la conversación útil no empieza por una lista de funcionalidades sino por qué tiene que poder hacer un cliente desde que entra hasta que obtiene algo de valor. Con eso se puede acotar un primer alcance de verdad y decir qué entra ahora y qué es mejor dejar para la segunda fase.

¿Cuánto tarda en estar en manos del primer cliente?

Menos de lo que se suele suponer si se empieza por el núcleo, y mucho más si se empieza por el catálogo completo. Trabajamos por fases con un objetivo claro para la primera: que un cliente real pueda usar el producto y que vosotros podáis mirar qué hace con él. Todo lo que no haga falta para eso —integraciones, informes, automatizaciones— tiene su sitio, y ese sitio es después.

¿Podemos empezar por un MVP y crecer después?

Sí, y en la mayoría de casos es lo que recomendamos. Un MVP bien planteado no es una versión recortada: es el núcleo del producto funcionando de verdad para un cliente, con lo de alrededor todavía hecho a mano. El cobro, por ejemplo, puede esperar perfectamente a la segunda fase; cuando llega, integramos la pasarela y la lógica de suscripción, planes y límites. Lo que sí conviene decidir desde el principio es cómo se separan los datos de cada cliente, porque eso es lo único que no se puede añadir después sin tocarlo todo.

Ya tenemos una primera versión que se nos ha quedado corta. ¿La continuáis o hay que rehacerla?

Primero la miramos y os decimos cuál de las dos cosas sale mejor, con argumentos. Es una situación muy habitual: un MVP que valida la idea y luego no aguanta la entrada de clientes, casi siempre porque los datos de todos viven mezclados o porque cada cliente nuevo obliga a tocar el código. A veces se puede reescribir sólo esa parte y conservar el resto; a veces sale más barato y más rápido rehacer el núcleo y traerse los datos. Lo que no hacemos es decidirlo antes de haberlo mirado.

¿De quién es el producto? ¿Quién se queda el código?

Tuyo. El código, la base de datos, los dominios y las cuentas de los servicios que se usen quedan a tu nombre, y se entregan documentados en un repositorio al que tienes acceso desde el primer día. Es una condición razonable en cualquier desarrollo y en un SaaS lo es más todavía: el producto es el activo del negocio, así que no puede depender de que sigamos trabajando juntos.

¿Quién lo mantiene, dónde se aloja y qué pasa si entran muchos clientes de golpe?

El alojamiento se decide según lo que pida el producto y queda en infraestructura tuya. El mantenimiento de un SaaS es distinto al de una web: no es sólo que siga en pie, es corregir incidencias, vigilar rendimiento y seguridad, actualizar y seguir construyendo. Solemos plantearlo como una relación continua con un alcance escrito, no como una bolsa de horas. Sobre el crecimiento: preparar el producto para escalar es una decisión de arquitectura que se toma al principio —cómo se separan los datos, cómo se consulta y qué se puede repartir— y después es cuestión de medir y de ir ampliando lo que lo pida. Lo que no se puede es prometer que aguantará lo que sea sin haber visto el producto.

¿Y si lo que queremos hacer ya lo resuelve una herramienta que existe?

Entonces úsala. Es la respuesta honesta y la damos a menudo. Construir un producto sólo tiene sentido si lo que vais a vender es distinto de lo que ya se puede comprar, o si lo que existe obliga a vuestros clientes a trabajar de una forma que no es la suya. Si la diferencia está en el precio o en un par de detalles, sale mucho más a cuenta pagar la licencia. Lo miramos antes de proponer nada, y si la conclusión es ésa, lo decimos.

Hablemos

Si hoy lo haces a mano para un cliente, cuéntanos cómo debería funcionar para cien.

Lo que más nos sirve para contestarte bien: qué debería poder hacer un cliente desde que entra hasta que obtiene algo útil, y qué parte de eso hace hoy alguien de tu equipo. Con eso podemos decirte por dónde empezaríamos, qué se puede dejar para después y si esto se resuelve construyendo o con algo que ya existe.

¿En qué punto estáis?
¿Qué inversión contempláis?

El total del proyecto o, si es un servicio continuado, la inversión del primer año.

Lo primero será entender el problema, no proponerte un servicio. Y si vemos que no tiene sentido que lo hagamos nosotros, también te lo diremos.

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