Si tienes un SaaS pequeño, la fiabilidad no es “para cuando seamos grandes”. Es lo que evita que tu soporte se convierta en bomberos, que el equipo se queme y que el churn suba sin que sepas por qué. Con una implementación “lean” de SRE puedes mantener velocidad de producto sin vivir en modo crisis. Y esto encaja especialmente bien cuando estás construyendo o evolucionando tu plataforma con un Desarrollo SaaS a medida: si la parte operativa nace bien, luego no hay que parchear cada incidente con cinta adhesiva.

La idea de este artículo es acompañarte paso a paso para montar un sistema sencillo (pero serio) con el que puedas tomar decisiones sin discusiones infinitas: qué medir, qué objetivo perseguir, cuándo frenar features y qué hacer exactamente cuando algo se rompe. No hace falta un equipo de 10 personas ni una infraestructura estilo Big Tech. Hace falta criterio y constancia.
El problema real: no es “que se caiga”, es no saber qué hacer cuando pasa
Casi todos los SaaS pequeños pasan por la misma película. Al principio todo funciona porque hay pocos usuarios y el equipo está encima. Pero en cuanto llega un cliente grande, una campaña o una integración nueva, el sistema empieza a mostrar “cosas raras”: picos de latencia, jobs atrasados, timeouts intermitentes, errores que no se reproducen en local. Y ahí aparecen dos malos hábitos: o reaccionas tarde (te enteras por el cliente) o reaccionas a todo (alertas por cualquier cosa), y en ambos casos el resultado es el mismo: estrés, decisiones improvisadas y una sensación constante de fragilidad.
SRE, en versión pequeña y aplicable, no es una moda. Es un marco para que producción deje de ser una lotería. Te obliga a definir qué significa “funciona bien” desde la perspectiva del usuario, a medirlo de forma consistente, y a tener una forma de decidir prioridades cuando hay tensión entre “sacar features” y “arreglar estabilidad”.
SRE para equipos pequeños: menos teoría, más hábitos
Si lo resumimos a lo esencial, SRE para un SaaS pequeño son tres hábitos repetidos con disciplina:
Primero, eliges señales que representen la experiencia real: disponibilidad y latencia donde duele, no métricas bonitas que no significan nada. Segundo, defines objetivos realistas (SLOs) que puedas sostener con tu tamaño actual. Y tercero, conviertes esos objetivos en un mecanismo de priorización: el famoso error budget, que actúa como semáforo para saber cuándo acelerar y cuándo estabilizar.
Esto encaja tanto si ya tienes producto en marcha como si estás en fase de desarrollo de SaaS desde cero. De hecho, cuando arrancas desde cero es más fácil montar bases limpias: instrumentación mínima, logs útiles y un proceso de despliegue que no dependa de cruzar los dedos.
Qué medir de verdad: SLIs que reflejan al usuario, no tu infraestructura
Un SLI (Service Level Indicator) es la métrica que describe cómo se comporta tu servicio desde el punto de vista del usuario. Esto es clave: el usuario no “siente” tu CPU. El usuario siente que el login tarda, que el dashboard no carga o que el pago falla.
La forma más práctica de empezar es pensar en los “momentos de verdad” de tu SaaS: registrarse, iniciar sesión, realizar la acción principal (crear algo, publicar, sincronizar, enviar), pagar, exportar, invitar usuarios. Luego eliges SLIs que midan cada momento con precisión.
En un equipo pequeño suele funcionar muy bien empezar con la lógica RED para endpoints críticos (tráfico, errores y duración), y complementarlo con una o dos métricas de negocio por flujo. Por ejemplo: “pagos completados” o “tareas críticas finalizadas” son señales que conectan estabilidad con ingresos y retención.
Y aquí entra una parte importante: el SLI no tiene por qué vivir solo en la capa técnica. Si estás haciendo desarrollo de SaaS a medida (perdón, aquí NO lo repetimos 😉), muchas veces el SLI más valioso no es un endpoint: es “porcentaje de usuarios que completan X sin fricción”. Eso te obliga a mirar backend, frontend, base de datos, integraciones y UX como un sistema, no como piezas aisladas.
A lo largo de proyectos en Bolmia, cuando un SaaS crece, lo que más se rompe no es “el servidor”: se rompen cadenas. Un webhook llega tarde, un job se queda atascado, la DB se satura, el frontend reintenta mal… y el usuario lo vive como “no funciona”. Por eso medir por journey funciona mejor que medir por componente.
Definir SLOs sin postureo: objetivos realistas que guían decisiones
Un SLO (Service Level Objective) es el objetivo que defines para tu SLI. Es decir: “¿qué nivel de rendimiento/fiabilidad considero aceptable?”. El error común es poner números aspiracionales sin entender el coste operativo que implican. “99,99%” suena increíble, pero si no tienes redundancias, rollbacks fáciles, observabilidad sólida y un equipo con guardias, te estás metiendo una presión que no puedes sostener.
Si no tienes histórico, no pasa nada: mide una ventana corta (7–14 días) y establece un baseline. No busques precisión milimétrica: busca un punto de partida que puedas mejorar. Un truco útil es definir SLOs por capas, como si fueran niveles:
- Un nivel mínimo que evita pérdida seria de clientes.
- Un nivel objetivo que representa “operación normal”.
- Un nivel aspiracional para cuando optimices.
Por ejemplo, en un flujo de pagos quizá tu objetivo realista sea que el 99,9% de intentos terminen correctamente, y que la latencia p95 no supere cierto umbral. En login, quizá toleras menos fallos. En exportaciones pesadas, quizá toleras más latencia. Lo importante es que el SLO refleje el uso real y el impacto en el negocio.
Cuando un equipo es pequeño, poner SLOs también ayuda a frenar una trampa peligrosa: “siempre podemos arreglarlo luego”. Los SLOs convierten ese “luego” en algo medible. Si tu servicio está degradado, lo ves. Si está estable, lo aprovechas para construir.
El error budget: la herramienta que evita guerras entre producto y tecnología
Aquí viene la pieza más útil de todo SRE para SaaS pequeño: el error budget. En sencillo, si tu SLO permite un 0,1% de error, ese 0,1% es tu “presupuesto”. Mientras estés dentro del presupuesto, puedes seguir metiendo cambios con confianza. Si lo quemas, no hay debate: toca estabilizar.
Esto es oro porque convierte una discusión emocional en una decisión basada en reglas. Producto ya no tiene que “ganarle” a tecnología ni viceversa. El equipo mira el presupuesto y decide: ¿seguimos lanzando o paramos para mejorar fiabilidad?
Un ejemplo típico: llevas semanas empujando features, pero empiezan los incidentes. Si el error budget cae rápido, te está diciendo algo: estás asumiendo demasiado riesgo. Y si el error budget está sano, también te está diciendo algo: puedes acelerar sin miedo. No es una herramienta para castigar, es una herramienta para gestionar riesgo y ritmo.
En la práctica, el error budget también te ayuda a dimensionar tu proceso de despliegue. Cuando tienes rollbacks lentos o releases enormes, tu presupuesto se quema más fácil. Cuando haces cambios pequeños y reversibles, el daño potencial baja muchísimo.
Observabilidad mínima viable: lo justo para detectar, diagnosticar y recuperar
En un SaaS pequeño no tienes tiempo para montar una “catedral” de observabilidad, pero tampoco puedes volar a ciegas. El objetivo no es tener el dashboard más bonito, sino reducir el tiempo que tardas en responder y recuperar (MTTR). Y eso se logra con tres piezas bien hechas: métricas, logs y (cuando aplica) trazas.
Las métricas son tus señales de salud. En un inicio, con medir errores y latencias en rutas críticas, más saturación de DB/colas, ya haces magia. Los logs son tu lupa: te permiten entender el “por qué” sin suposiciones. Pero ojo: logs útiles no son un texto random. Logs útiles tienen contexto: request_id, endpoint, status, duración, user_id si aplica, y el error con stack o causa.

Las trazas, por su parte, se vuelven muy valiosas cuando tu SaaS empieza a tener varias integraciones o servicios internos. Muchas veces un usuario ve “se quedó cargando”, y el problema real es una cadena: frontend → API → DB → proveedor externo → reintento → timeout. Sin trazas, ese diagnóstico es lento.
Esta parte también conecta con el trabajo que hacemos cuando un cliente busca desarrollo SaaS personalizado: no solo se trata de construir funcionalidades, sino de construirlas de forma que puedas operarlas. Un SaaS sin observabilidad madura termina teniendo “miedo a producción”, y eso frena el negocio.
Alertas que no queman al equipo: señales accionables, no ruido
Una alerta debería tener una pregunta implícita: “¿tengo que hacer algo ahora?”. Si la respuesta es “no sé” o “quizá”, esa alerta probablemente sobra o debe convertirse en alerta de baja prioridad (para revisar en horario, no para interrumpir).
El fallo típico es alertar por “causas” (CPU alta, memoria alta) sin validar si eso impacta al usuario. Lo que de verdad importa alertar son “síntomas”: aumento de errores en rutas críticas, caídas de disponibilidad, latencia p95 disparada, pagos fallando, backlog crítico creciendo, etc.
Cuando el equipo es pequeño, una buena estrategia es tener muy pocas alertas de alta severidad, pero extremadamente fiables. Mejor 6 alertas que siempre significan algo, que 40 alertas que nadie mira. Y cuando la alerta suena, el equipo debe saber qué hacer sin improvisar: ahí entran los runbooks.
Runbooks: el manual que te salva cuando todo se rompe
Un runbook es el plan escrito para responder a un tipo de incidente. No es documentación “para quedar bien”. Es una guía para reducir el tiempo de respuesta y evitar el caos. El runbook ideal es corto, directo y práctico: qué estás viendo, qué significa, qué revisar primero y qué acciones son seguras.
En equipos pequeños, los runbooks funcionan mejor cuando están anclados a incidentes reales. Es decir: no escribas runbooks “por si acaso” de todo. Escribe runbooks para lo que ya te pasó o para lo que es muy probable que te pase. Login, pagos, colas, base de datos, integraciones con proveedores clave.
En muchos SaaS, los incidentes se repiten con diferentes disfraces. Hoy fue “un pico”, mañana es “una caída parcial”, pasado es “intermitencia”. Si el runbook captura el patrón, cada repetición se vuelve más barata. Y esto se vuelve especialmente importante cuando estás en creación de SaaS a medida y el producto está creciendo: cada módulo nuevo trae dependencias nuevas, y necesitas que el equipo pueda responder sin heroísmo.
Postmortems sin culpa: convertir incidentes en mejoras reales
El postmortem es donde SRE deja de ser “apagar incendios” y pasa a ser “aprender y mejorar”. La regla es simple: si cada incidente no deja una mejora implementada, ese incidente se va a repetir. Y la mejora puede ser técnica (fix, test, refactor, limitación) o de proceso (mejor alerta, mejor runbook, mejor despliegue).
Para que funcione de verdad, el postmortem debe ser blameless. No porque seamos “soft”, sino porque si la gente se siente juzgada va a ocultar información o simplificar la historia. Y entonces pierdes la oportunidad de entender el sistema.
Un buen postmortem cuenta la historia de forma clara (timeline), identifica causas (normalmente múltiples) y, lo más importante, define acciones con dueño y fecha. Si no hay dueño y fecha, no es acción: es deseo.
En Bolmia solemos empujar un enfoque muy práctico: cada postmortem debería dejar, como mínimo, una mejora de observabilidad (para detectar antes) y una mejora de despliegue/mitigación (para recuperar más rápido). Con el tiempo, eso baja el MTTR y sube la confianza del equipo.
Despliegues sin miedo: cómo reducir riesgo sin frenar el roadmap
Una gran parte de los incidentes en SaaS pequeños viene de cambios en producción. No porque el equipo sea “malo”, sino porque el sistema es sensible: migraciones, configuraciones, dependencias, integraciones externas, cachés, colas… cualquier cambio puede mover el dominó.
La solución no es “desplegar menos”. Es desplegar mejor: cambios pequeños, frecuentes y reversibles. Si tu release cambia 50 cosas a la vez, cuando algo falla no sabes qué fue. Si cambias 2–3 cosas, el diagnóstico es mucho más rápido. Y si además tienes rollbacks o feature flags, el impacto baja muchísimo.
Aquí también se nota la diferencia entre construir algo rápido y construir algo operable. Un desarrollo de plataforma SaaS a medida bien planteado contempla desde el inicio cómo vas a desplegar, cómo vas a migrar datos, cómo vas a versionar APIs, cómo vas a manejar degradaciones. Porque un SaaS no se “entrega” una vez: vive en producción.
Si sientes que tu equipo está en “modo miedo” cada vez que hace deploy, ese es un indicador clarísimo de que necesitas invertir en proceso y automatización. A veces basta con una mejora incremental: pipeline estable, tests mínimos en rutas críticas, rollback sencillo, y monitorización post-deploy durante 20–30 minutos mirando señales clave.
El plan realista de 30 días para poner SRE lean en marcha
Si te abruma pensar en “implantar SRE”, piensa en un plan corto y repetible. Lo que quieres es salir de la improvisación, no montar una burocracia. Un buen plan de 30 días para un equipo pequeño suele verse así:
La primera semana te centras en medir lo esencial: eliges unos pocos SLIs y montas dashboards simples. No busques perfección; busca visibilidad. La segunda semana defines SLOs realistas y introduces el error budget como regla de priorización: si se quema, se estabiliza. La tercera semana creas alertas de alto impacto y escribes runbooks para los incidentes más probables. La cuarta semana haces postmortems (de incidentes recientes o simulados) y refuerzas el proceso de despliegue para reducir riesgo.
Lo potente de este plan es que no depende de herramientas específicas. Depende de hábitos. Y esos hábitos se sostienen mejor cuando el producto está construido con una base coherente, algo muy típico cuando trabajas en desarrollo de aplicación SaaS a medida con una arquitectura pensada para crecer.
Si en tu caso no solo quieres mejorar operación, sino también reforzar la base técnica (arquitectura, despliegues, escalabilidad, observabilidad), puedes ver nuestro servicio aquí: desarrollo de plataformas SaaS para empresas.
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Cierre: fiabilidad como ventaja competitiva (sin convertirte en enterprise)
La fiabilidad no es un extra técnico. Es una ventaja competitiva. Un SaaS que “simplemente funciona” vende más fácil, retiene mejor y permite que el equipo construya con confianza. SRE, aplicado con sentido común, te da un sistema para sostener esa fiabilidad sin frenar el producto.
Empieza pequeño: mide lo que importa, define objetivos realistas, usa el error budget para decidir y crea runbooks para que los incidentes no sean caos. Con el tiempo, vas a notar algo muy concreto: menos noches largas, menos urgencias falsas y más foco para construir lo que de verdad mueve el negocio.

Y si estás en ese punto donde el producto crece y ya no te vale “apagar fuegos”, este enfoque —junto con buenas bases de desarrollo de software como servicio (SaaS) a medida, una programación de SaaS a medida responsable y una construcción de SaaS a medida pensada para operar— suele ser lo que separa un SaaS que escala de uno que se rompe cada mes. Además, cuando se hace con mentalidad de desarrollo de SaaS por encargo bien ejecutado, el resultado no es solo “software funcionando”, sino software que puedes mantener sin que el equipo pierda la cabeza.
Preguntas frecuentes
1) ¿Cuántos SLOs debería definir al empezar?
Con 3–5 es suficiente: uno por cada flujo crítico (login, acción principal, pagos). Pocos y medibles > muchos y confusos.
2) ¿Qué es un error budget en palabras simples?
Es el “margen de fallo” permitido por tu SLO. Si lo gastas rápido, toca priorizar estabilidad antes de seguir lanzando cambios.
3) ¿Qué alertas valen la pena en un equipo pequeño?
Las que representan dolor real del usuario: aumento de 5xx, latencia p95 disparada, pagos fallando o procesos críticos atascados.
4) ¿Qué debe tener un runbook para ser útil?
Síntoma, impacto, triage rápido, acciones seguras (rollback/flag), validación y a quién escalar. Corto, directo y con enlaces a dashboards/logs.
5) ¿Qué gano haciendo postmortems “sin culpa”?
Aprendizaje real y menos repetición: mejoras de detección, respuesta y despliegue que bajan el MTTR y evitan el “modo héroe”.





