SOC 2/ISO 27001 para startups: la hoja de ruta técnica y documental que sí encaja con el día a día

Si estás en una startup y ya estás vendiendo (o intentando vender) a empresas medianas/grandes, hay una escena que se repite: el cliente te pide cuestionarios de seguridad, te pregunta por políticas, evidencias, retención de logs, control de accesos y continuidad. Y tú piensas “perfecto, justo ahora que el roadmap está al rojo vivo”. En ese punto, mucha gente intenta resolverlo escribiendo documentos rápido… y se estrella, porque SOC 2 e ISO 27001 no van de PDFs: van de demostrar que tu operación funciona con controles repetibles. En paralelo, el equipo sigue construyendo producto y ajustando arquitectura, y en medio de esa presión aparece la frase mágica una sola vez: Desarrollo SaaS a medida. Dicho esto, vamos a lo importante: cómo montar un sistema de seguridad y compliance que no te frene, que sea auditable y que, de paso, te ayude a vender mejor.

Entiende la diferencia sin complicarte: SOC 2 es prueba, ISO 27001 es sistema

La mejor forma de entenderlo es por “lo que te van a pedir”. SOC 2 suele enfocarse en demostrar controles y evidencias con relación a criterios (seguridad, disponibilidad, confidencialidad, etc.). Es muy común en el mundo SaaS, sobre todo cuando tu mercado mira mucho a Estados Unidos. ISO 27001, por su parte, te pide un SGSI: un sistema de gestión con análisis de riesgos, políticas, roles, revisiones y mejora continua. No es que uno sea “más técnico” y el otro “más burocrático”: ambos exigen controles reales. La diferencia es el marco mental.

En startups, la elección suele ser de mercado. Si tus oportunidades se bloquean porque procurement te pide “SOC 2 Type II”, ya sabes por dónde ir. Si estás en sectores donde ISO 27001 es un “sello” más universal, o vendes a corporativos internacionales, la ISO puede ser el pase más reconocido. Y ojo: es bastante habitual empezar por SOC 2 para desbloquear ventas y luego madurar hacia ISO 27001 con el sistema ya rodando.

Lo clave es no convertir esto en un proyecto paralelo infinito. Compliance no debería vivir fuera del producto: debería apoyar tus procesos reales. En Bolmia lo vemos todo el tiempo: cuando seguridad se integra en desarrollo, DevOps y soporte, deja de ser “un bicho raro” y se convierte en una forma de trabajar.

Antes de tocar controles, define alcance y narrativa de confianza

Si no defines alcance, te vas a complicar solo. El alcance es, básicamente, responder: “¿Qué entra en evaluación?” Y parece fácil, pero no lo es. ¿Solo producción? ¿Incluye staging? ¿Incluye el panel de administración? ¿Incluye procesos de soporte y operaciones? ¿Qué pasa con GitHub, Jira, Slack, Google Workspace o el sistema de tickets? Aquí no se trata de esconder cosas, sino de ser coherente y defendible.

Lo que funciona bien es armar un mapa simple de tu arquitectura y tus flujos de datos. Qué servicios tienes, dónde vive la información sensible, qué integraciones existen, qué usuarios internos pueden acceder a qué, y cómo viajan los datos. Con eso, puedes construir una “narrativa de confianza” que luego te sirve para todo: responder cuestionarios, explicar decisiones al auditor, e incluso mejorar tu onboarding comercial.

A esta narrativa hay que añadir un punto que muchos olvidan: el porqué de tus decisiones. “No hacemos X control aún porque estamos en etapa Y, pero mitigamos el riesgo con Z”. Esa frase, si viene acompañada de evidencia, suele ser oro. Auditoría no pide magia: pide control y consistencia.

La hoja de ruta realista: 12 semanas para pasar de caos a sistema

Cuando alguien te vende compliance como “haz esto y listo”, desconfía. Lo que sí puedes hacer es un plan de 12 semanas con entregables claros, sin paralizar producto. La idea es trabajar en tres carriles: controles técnicos, procesos y evidencia. Si haces solo documentación, suena a humo. Si haces solo técnica sin pruebas ni registros, no lo puedes demostrar. Si haces evidencia sin proceso, se te cae en el primer cambio de equipo.

Las primeras dos semanas suelen ser de orden y quick wins. No es la parte glam, pero es donde se gana el partido. Es inventario de activos (servicios, repos, entornos, datos), definición de roles, y un análisis de riesgos que sea breve pero útil. Nada de matrices eternas: identifica amenazas reales, impacto, probabilidad y controles. Con eso, tu backlog deja de ser “lo que se me ocurre” y pasa a ser “lo que reduce riesgo y desbloquea ventas”.

En paralelo, aplicas quick wins que elevan el nivel en días: MFA obligatorio, cuentas nominales, separación básica de entornos, cifrado en tránsito, backups con prueba de restauración (sí, prueba), y un mínimo de logging centralizado. Lo importante es poder validar un saas antes de invertir tanto en crear SaaS a medida sin reventar el ritmo.

Entre semanas 3 y 6, el foco cambia: pasas de “cerrar puertas obvias” a establecer procesos repetibles. Lo que más falla en startups es que todo depende de personas. Hoy Juan se acuerda de revocar accesos cuando alguien se va; mañana Juan está de vacaciones y nadie lo hace. Eso, en auditoría, se ve rápido. Por eso se definen flujos: altas/bajas, solicitudes de acceso, revisiones periódicas de permisos, gestión de cambios, respuesta a incidentes, y gestión de proveedores. No tiene que ser pesado, pero sí constante.

En semanas 7 a 12, haces lo que separa a un equipo “que lo intenta” de uno “audit-ready”: construyes evidencia, haces auditoría en seco, arreglas lo que duele, y dejas el sistema funcionando con poco mantenimiento. La auditoría en seco es una prueba brutal: simulas que te piden evidencia de revisión de accesos, de cambios en producción, de restore tests, de incidentes, de formación interna, de evaluación de proveedores. Si tardas horas, tu sistema no está listo. Y lo mejor es que esa prueba también te ordena internamente y reduce interrupciones futuras.

Identidad y acceso: el lugar donde se ganan o se pierden auditorías

Si tuviera que apostar por el control más importante para una startup, sería identidad y acceso. No porque sea el único, sino porque es el que más rápido se degrada si no hay disciplina. Y porque un fallo aquí puede convertirse en un incidente muy serio.

Lo mínimo hoy: MFA para todo el mundo, cuentas individuales (nada de “dev@empresa”), y un proceso claro de offboarding. Si alguien se va, se le revoca el acceso el mismo día, y se revisan integraciones, tokens o credenciales que esa persona pudo haber tocado. Esto no es paranoia: es higiene.

Luego, aparece algo que te simplifica la vida: grupos/roles. Cuando gestionas permisos por “quién es la persona”, terminas en un Excel eterno. Cuando lo gestionas por roles y grupos, es mantenible. Y cuando tu producto crece, esto escala mejor. De hecho, es parte natural de cualquier plataforma SaaS personalizada que aspira a manejar distintos niveles de acceso sin convertirlo en un drama.

Otro punto que los auditores suelen mirar: accesos privilegiados. ¿Quién puede tocar producción? ¿Cómo entra? ¿Queda registro? No tienes que montar un castillo medieval, pero sí tener un circuito: acceso limitado, con logs, idealmente con un gateway o un método que deje trazabilidad. En startups es común “dar acceso por si acaso”, y eso es justo lo que luego cuesta corregir.

Control de cambios: si tu producción se toca “a mano”, vas a sufrir

El segundo gran pilar es el control de cambios. No por romanticismo, sino porque auditoría quiere ver que no haces despliegues como quien cambia una bombilla y ya. Quiere ver quién aprobó, qué se cambió, cuándo se desplegó, y cómo lo revertirías si sale mal.

Aquí el mínimo viable suele ser: PRs obligatorios, code review, protección de rama principal, y un pipeline de CI/CD que deje rastro. Si haces hotfixes, perfecto, pero que exista un procedimiento para hotfixes, con un post-mortem ligero si algo impactó.

Este control tiene un efecto secundario que a nosotros nos encanta: mejora el negocio. Cuando hay trazabilidad y rollback, reduces caídas y reduces pérdidas en campañas. Es la típica historia: se lanza una campaña, entra tráfico, justo ese día alguien cambia un flujo del onboarding en producción sin revisión, y de pronto el funnel se rompe. Eso quema presupuesto y confianza. Con control de cambios, lo detectas y lo corriges antes. Esto es especialmente crítico si estás entregando software SaaS personalizado para clientes que esperan estabilidad.

Observabilidad y logs: lo que no ves, no existe (y no se puede auditar)

El tercer pilar es observabilidad. Aquí mucha startup se autoengaña: “tenemos logs”. Sí, pero ¿están centralizados? ¿tienen retención? ¿quién accede? ¿puedes investigar un incidente? ¿las alertas son accionables o son ruido?

No necesitas un SIEM enterprise el primer día, pero sí un mínimo: logs de autenticación, eventos de seguridad, cambios de configuración, despliegues, accesos a datos sensibles y errores críticos. Además, una retención definida y un control de acceso a los logs. Idealmente, también una política de “no borrado” o al menos un rastro de auditoría si alguien intenta borrar.

En la práctica, esto se vuelve más importante cuando tu producto empieza a tener más complejidad, microservicios o integraciones. En ese punto, estás en modo desarrollo de plataforma SaaS a medida y cada componente puede convertirse en un punto ciego si no centralizas observabilidad.

La documentación que sí sirve: corta, versionada y conectada a evidencia

Ahora sí: documentación. Pero la buena, la que se usa. Piensa en políticas como reglas del juego y procedimientos como “cómo se ejecutan esas reglas”. Una política sin enforcement es decoración. Un procedimiento sin registros es un cuento.

Para un baseline sólido, tus políticas deberían ser pocas y claras: seguridad de la información, control de accesos, gestión de cambios, respuesta a incidentes, gestión de vulnerabilidades, continuidad/backup, clasificación de información, y proveedores. Cada una con un owner y una fecha de revisión. Y lo más importante: con un “cómo se aplica”. Por ejemplo, “MFA obligatorio” + captura o evidencia de configuración del IdP. “PR obligatorio” + configuración de branch protection en Git. Esa conexión es la que te salva en auditoría.

Los procedimientos clave, por su parte, son los que más te preguntan: onboarding/offboarding, solicitudes de acceso, revisión periódica de permisos, despliegues, incidentes, restore tests, y evaluación de proveedores. Nada de documentos eternos. Lo que funciona es: paso a paso, responsable, y evidencia que se genera. Si tu procedimiento de offboarding no produce un ticket o registro, luego nadie puede demostrar que se hizo.

Y si te estás preguntando cómo encaja todo esto en el ritmo de un equipo que está en modo desarrollo SaaS personalizado, encaja justo porque la idea es automatizar y estandarizar, no agregar fricción manual.

Evidencias: el “músculo” de compliance que te evita crisis

La evidencia no es un castigo: es una forma de no depender de la memoria del equipo. Monta un repositorio con estructura simple y naming consistente. No hace falta complicarse: puede ser un drive con permisos controlados o una herramienta GRC ligera. Lo importante es que cualquiera del equipo (con permiso) pueda encontrar lo que se necesita rápido.

Lo que suele ir ahí: export de accesos privilegiados, registros de revisión de permisos, lista de cambios y despliegues, reportes de escaneo de vulnerabilidades, restore tests documentados, lista de proveedores críticos y su evaluación, registros de formación interna, y el registro de incidentes (aunque sean “casi incidentes” o simulacros).

La magia está en hacerlo por periodos, no “cuando lo pidan”. Un pack trimestral de evidencias es la diferencia entre “compliance como hábito” y “compliance como incendio”. Y cuando escales, te lo agradecerás.

Proveedores: donde tu seguridad depende de otros (y los clientes lo saben)

En SaaS, tú no eres solo tu código. Eres tu nube, tu correo, tu soporte, tu analítica, tu CDN, tu pasarela de pagos, tus herramientas internas. Por eso, proveedores y subprocesadores siempre salen en auditoría.

Empieza por inventario: quiénes son, qué hacen, qué datos tocan, y si son críticos para disponibilidad. Luego, una evaluación simple: ¿tienen certificaciones? ¿hay DPA si aplica? ¿qué controles ofrecen? ¿cómo gestionas accesos? ¿hay plan B si caen?

Esto se vuelve especialmente delicado cuando tu producto integra terceros de forma profunda, como CRMs o ERPs, o cuando añades herramientas de tracking potentes. Ahí conviene tener una regla de oro: nada entra a producción sin revisión mínima de seguridad y privacidad. Si estás construyendo desarrollo de SaaS B2B a medida, esto te evita sorpresas con procurement y te ahorra horas respondiendo cuestionarios.

Continuidad y backups: el día que te fallen, sabrás por qué importaba

“Tenemos backups” es una frase peligrosa. La pregunta real es: ¿has probado restaurar? ¿sabes cuánto tardas? ¿quién lo hace? ¿qué cubre y qué no?

Define objetivos realistas (RPO/RTO) y documenta tu estrategia. Luego, prueba restores con cierta frecuencia (mensual o trimestral según criticidad) y guarda evidencia del test: fecha, qué se restauró, resultado y acciones correctivas si algo falló. Esto no solo es compliance: es resiliencia.

En modelos multi-tenant, una caída o un error puede afectar a muchos clientes. Por eso, cuando hablamos de desarrollo de SaaS multi-tenant a medida, continuidad no es “nice to have”, es parte del producto.

Vulnerabilidades y pentest: útil si hay remediación, inútil si solo hay PDF

Un pentest puede sumar muchísimo si lo usas como input para mejorar. Pero el auditor y los clientes van a mirar lo mismo: ¿qué haces con los hallazgos?

Define un flujo simple: detectar, priorizar, remediar, verificar. Asigna SLAs por severidad (crítico en días, alto en semanas), crea tickets y enlázalos a PRs. Si aceptas un riesgo, documenta por qué y cuándo lo revisarás. Esa trazabilidad es lo que demuestra madurez.

Complementa con escaneo continuo de dependencias y contenedores. Y por favor: gestión de secretos seria. Si hay secretos en repositorios o en variables locales sin control, eso suele explotar tarde o temprano. Este punto es parte natural de la programación de SaaS a medida profesional: no es solo “que funcione”, es “que funcione sin exponerte”.

Cómo vivir la auditoría sin que se coma tu roadmap

La auditoría es un proceso, no una batalla. Si tú llegas con controles vivos y evidencias ordenadas, la auditoría se vuelve un checklist conversable. Si llegas con “documentos nuevos” y sin rastros, se convierte en un interrogatorio.

La receta para evitar trauma es simple: dueños por control (no todo cae en una persona), repositorio de evidencias al día, y un flujo interno para responder. Nada de “respondo rápido por Zoom”: cada respuesta debe ir con evidencia. Y si hay un gap, se documenta como hallazgo y se propone plan de acción. No se esconde. Eso, paradójicamente, genera confianza.

En startups, la auditoría también puede ser un catalizador. Te obliga a ordenar procesos, a definir roles, y a dejar menos cosas a la suerte. Y cuando eso pasa, el producto suele mejorar: menos bugs en producción, menos incidentes, más estabilidad y mejor experiencia para el usuario.

Cómo conectarlo con ventas: compliance como ventaja, no como freno

Aquí viene la parte que a muchas startups les cambia el juego: SOC 2 e ISO 27001 no son solo “para auditoría”. Son para vender con menos fricción. Si tienes tu narrativa de confianza clara, puedes acelerar ciclos: respondes cuestionarios más rápido, pasas revisiones de seguridad sin semanas de ida y vuelta, y reduces el “riesgo percibido” del comprador.

Cuando el prospect siente que tienes el control, baja la resistencia. Y si además puedes demostrar continuidad, trazabilidad y gestión de proveedores, sube tu credibilidad. Eso impacta en cierre, en precio y en el tipo de cliente que puedes captar.

Si necesitas apoyo para aterrizar todo esto sin matar a tu equipo (y con una visión integral de producto, desarrollo, infraestructura y automatización de evidencias), en Bolmia trabajamos precisamente así: seguridad y compliance integradas desde el diseño.

Preguntas frecuentes

¿Qué conviene más para una startup: SOC 2 o ISO 27001?

Depende del mercado. SOC 2 suele desbloquear ventas en SaaS con clientes enterprise (especialmente en EE. UU.). ISO 27001 es muy reconocido a nivel global y corporativo.

¿Cuánto tiempo tarda en estar “audit-ready”?

Con un plan realista y foco en controles + evidencias, muchas startups montan un baseline sólido en 8–12 semanas. Type II requiere operar controles durante un periodo.

¿Qué controles miran con más lupa?

Identidad y accesos (MFA, roles, offboarding), control de cambios (PRs, trazabilidad) y logs/monitorización (retención, alertas, acceso a logs).

¿Necesito herramientas GRC caras para empezar?

No. Puedes arrancar con un repositorio de evidencias bien estructurado y procesos simples. Lo importante es consistencia, responsables y pruebas.

¿Qué es una “auditoría en seco” y por qué ayuda?

Es simular las solicitudes del auditor (evidencias de accesos, cambios, backups, incidentes, proveedores). Te permite corregir huecos antes de la auditoría real y reduce estrés.